martes, 23 de mayo de 2017

La joya de la corona.

¿Conocéis a Gema? ¿No? ¿Nadie conoce la historia de Gema? Interesante. Daba por hecho que... En fin. Sentaos, poneos cómodos. No habléis. No quiero que nadie interrumpa mi relato, ¿entendido?

Dejadme que me presente. Me llamo Stan. Soy cámara en uno de los concursos de talentos más exitosos de la televisión. Mi papel en esta historia no es más que secundario, en ningún momento he actuado de primera mano sobre los protagonistas ni he interaccionado con ellos. No obstante, al final siempre te acabas enterando de todo lo que ocurre en la industria.

Entré a trabajar en este programa en 2005, debido a mi alta habilidad y mi joven ambición. No era nadie, nadie sabía mi nombre excepto los encargados de "reclutar" gente nueva. Yo era, técnicamente, inexperto, pero eso no se notaba en mi forma de hacer las cosas. Parecía un profesional. Montaba y desmontaba el equipo de forma eficaz y rápida, mis planos siempre eran alabados por mis compañeros y mi concentración era absoluta. Con esto, lo que conseguí, fue confianza. La confianza suficiente como para, en 2007, poder grabar en los castings, cosa que casi nadie consigue por razones que a día de hoy sigo sin conocer.

Allí estábamos, los jueces Martin, Laura y Cassie, otro par de cámaras y un servidor. Después de varios aspirantes que se dedicaban a cantar desafinando, a bailar a destiempo o a hacer el ridículo de forma intencionada, llegó Gema. Los cámaras, yo inclusive, Martin y Laura no teníamos ni la más remota idea de quién era esa niña que no pasaría los 8 años, ni qué venía a hacer. Cassie pareció reconocerla e incluso la llamó por su nombre.

-¡Gema! ¿qué alegría verte por aquí! - dijo - No esperaba para nada que aparecieses. Por si no lo sabéis, chicos, - dijo dirigiéndose a los otros jueces - Gema es una auténtica eminencia. Ahora mismo está triunfando en Youtube.

Los otros jueces asintieron, los cámaras se sonrieron. Yo seguía preguntándome qué sería capaz de hacer esa pequeña monada. Y entonces, Gema, sin esperar a que los jueces le dijesen nada, se puso a cantar. Cantaba a capella. Una niña de 8 años cantando a capella. Era, sencillamente, precioso. Nunca había visto nada igual y me transportó a cuando mi madre me cantaba, a cuando mi padre tarareaba en el taller mientras yo jugaba a su alrededor. Olí mi infancia. Estuve a punto de llorar.

Evidentemente, la niña pasó la prueba y accedió a la "zona superior", donde ya compite contra otra gente en directo por televisión. Cuando se le dijo que había superado el casting, dio un saltito de alegría y salió con su madre. Después de dos tediosas horas, por fin terminó aquel suplicio y pude empezar a recoger. Los otros cámaras me dejaron tirado, como de costumbre, alegando que o se había puesto enferma su madre o su mujer estaba dando a luz o... Chorradas por el estilo. No me importó porque, mientras mis compañeros se excusaban, oí a los jueces, aún sentados, hablar sobre Gema. Yo, entonces encantado, comencé a recoger escuchando la historia de la pequeña niña.

Gema había nacido en los barrios bajos. Nunca conoció a su padre y su madre, hasta que Gema cumplió los 5 años, era heroinómana. Por el sexto cumpleaños de la niña, la madre le regaló la promesa de que dejaría las drogas. Al final, cambió la heroína por el alcohol destilado y el tabaco negro. Aun con todas las de perder de su lado, la madre se dio cuenta del talento oculto de su hija. La voz era preciosa para la corta edad que tenía. Decidió grabarle un vídeo de bajísima calidad con la cámara de su antiguo móvil y colgarlo en la red desde un cibercafé cercano. Fue un éxito rotundo, al menos para la gente que sabe navegar por internet, que no era mi caso. Fue ahí cuando, un comentario en los vídeos le dio la idea a la madre de traer a la niña al concurso de talentos. "Seguramente está pensando en que los sacará de pobres" - concluyó Cassie.

Gema ganó el concurso de ese año. Lo ganó con creces. El público vitoreaba y sollozaba al mismo tiempo. Repito que, años después, sigo sin escuchar una voz como la de Gema. ¿Recordáis a Martin? Bien, él decidió ir más allá. Viendo el potencial de la niña, movió un par de hilos y le consiguió un promotor que la convertiría en la próxima artista internacional.

En ese momento, todo se fue a la mierda para Gema.

Aclararé que la industria musical es dañina, tóxica, competitiva. Gema era una cobaya, experimentaban con ella. Lo peor no era que lo fuese en un laboratorio. Gema era una cobaya en un nido de serpientes.

Gema tenía mucha gente a su alrededor. Martin había dejado el programa para dedicarse íntegramente a la niña, siendo su productor. Max era su promotor, es decir, el que movía los hilos para que se promocionase bien su producto, en este caso, Gema. Por otro lado había un sinfín de esteticistas, de compositores, de bailarines, etcétera. Gema solo tenía que poner su cara y, por supuesto, su voz. La madre de la chiquilla brillaba por su ausencia. Con el dinero que comenzó a ganar, cambió radicalmente. No es que recayese en las drogas, por suerte no, pero dejó de hacerle caso a Gema. No sabía lo que hacían con su propia hija y le daba igual mientras le siguiesen lloviendo los billetes.

Por aquel entonces, 2009, Gema tendría ya diez años y un álbum a la venta. Daba conciertos y, casi siempre, eran sold out. Lo que todo el mundo veía era una cara bonita y unas canciones preciosas. Desde dentro se veía otra cosa. Max y Martin eran ruines y rastreros. Eran lo peor de la sociedad. Max era un vaso de plástico que se improvisaba como cenicero y Martin era la ceniza mojada de dentro. En 2011, Gema ya no estaba en la cresta de la ola, aunque su fama se seguía manteniendo. Pero esto no era suficiente. Tenía que volver a estar en la cima. Tenía que seguir triunfando y llenando salas. Entonces a Max y a Martin se les ocurrió una idea: un cambio de imagen. La gente ya no quería ver una niña que cantase sobre el amor y la familia. La gente quería algo distinto pero ellos no sabían lo que era, por tanto, decidieron contratar a unos analistas.

Como era de esperar, el análisis no fue inmediato. Se necesitaron un par de años para saber qué quería la gente, cómo estaba evolucionando el mercado. Qué daría más dinero. En 2013 se supo exactamente lo que se necesitaba: Gema, con 14 años, debía salir a los escenarios semidesnuda, sexualizando su imagen hasta el extremo más enfermo. Gema debía cantar sobre el dolor, sobre la muerte, sobre la desilusión. Gema debía tumbar abajo todo lo que ella era para seguir siendo millonaria. Gema se negó. Max y Martin no esperaban una negativa de Gema, creían que la habían "amaestrado" para ser su marioneta. Como ya he dicho, para ser su cobaya. No se sabe muy bien qué pasó entonces. Hay pocos testimonios. Nadie lo vio y nadie excepto Martin, Max y Gema sabe con exactitud lo ocurrido. Yo os puedo contar la información que me ha llegado: después de un ensayo fatídico en el que Gema no quería cantar lo que le proponían, Martin, Max y ella empezaron a discutir a gritos sobre el escenario. Los bailarines y esteticistas se retiraron, los cámaras cerraron la boca y no dijeron nada. Pero las cámaras seguían grabando. En estas imágenes se ve cómo Gema se marcha del escenario y se dirige hacia su camerino. Detrás van Martin y Max, enfurecidos con la niña. Se oye un portazo y un silencio atronador. Los camerinos están insonorizados. En la grabación se oyen los comentarios de los cámaras, en voz muy baja. No saben lo que está pasando. Nadie lo sabe. Entonces la grabación se corta. La susodicha ya ha sido destruida y no se puede recuperar.

Conozco lo que hay en esa grabación porque uno de los cámaras había cursado la universidad conmigo y éramos antiguos compañeros. Él me cuenta que, pasados treinta minutos tras el portazo, Gema salió otra vez al escenario. El maquillaje que llevaba en la cara estaba corrido. Tenía marcas rojas en los brazos y piernas. Martin y Max sudaban y estaban rojos, pero su ropa estaba descolocada.

Todo el mundo guardó silencio.

"Vamos a seguir" - dijo Martin - "No quiero que esta joya preciosa se pierda la gente que va a venir a sus conciertos si hace lo que le decimos".

Las cámaras comenzaron a grabar y Gema a cantar. Mi amigo asegura que sus pelos se pusieron de punta. No era Gema. No sabía quién cantaba, pero no era la niña preciosa de hace unos años. Era una adulta. Una adulta curtida por el tiempo. Parecía alguien a quien nadie podía devorar, se iba a comer el mundo y era imparable.

Gema lloraba a la vez que cantaba.

Gema solo dio un concierto más después de aquel día. Concierto que fue un auténtico éxito. La gente saltaba y gritaba al ritmo de las guitarras eléctricas. Gema tenía a miles de personas delante, pero estaba sola. Nadie la iba a ayudar. Al terminar el concierto, se dirigió a su camerino, sin que nadie la siguiese. Minutos después Martin y Max celebraban su victoria, comentando lo millonarios que iban a volver a ser, lo felices que estaban de nuevo. Que seguirían adelante cueste lo que cueste.

Fueron a buscar a Gema, solo Dios sabe para qué. Fueron a su camerino. Gema estaba desangrada en el suelo, con una nota que decía:

"Ahora sí que os haréis de oro, hijos de puta".