EL NIDO DEL CUERVO
Gárgolas con la mirada fría e intensa flanqueaban la oxidada y ya baldía verja de hierro, Tras esta, si seguías el camino guardado por árboles más viejos que La Ilíada, un casón aparecerá ante tus ojos. Más alto que el cielo y más lúgubre que mansión abandonada. La luna riela en sus ventanales, reflejada con prepotencia infantil. La puerta, no más que un trozo de madera carcomido, es un intento de demostrar la exhuberancia de quien tiempo atrás viviera allí. Fachada azul miedo y teja rojo tensión, nadie se acerca a ella, pues aunque abandonada, habitada está.
Las lenguas cuentan historias, y las historias esbozan ténebres personajes, con grandes colmillos o imperceptibles complexiones. Esbozan ríos de sangre, gritos inhumanos y penitencia perpetua. Las malas lenguas burlan las dichas, las curiosas preguntan incesantes dudas, entre las que el afán por descubrir la verdad es la madre de todas. "¡Claro que es cierto!", amedrenta el enfadado campesino al avispado, echándole posteriormente de su finca cercana al casón.
Pero nadie sabe que ocurre dentro con exactitud, las historias se exageran para asustar a los niños, los silbidos del viento acariciando los árboles, la verja y el propio casón se pueden interpretar en alaridos, un movimiento de cortinas producido tal vez por un animal ya es creído por maldiciones.
O tal vez sea cierto, tal vez el viento enmudezca los verdaderos alaridos, puede que las cortinas estén echadas con el fin de no dejarnos ver el interior, incluso las historias podrían no ser exageradas y quedarse, más bien, escasas de detalles.
Nadie lo sabe, y nadie lo sabrá, pues nadie tiene coraje suficiente para adentrarse en la penumbra de las pesadillas de Poe.
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