martes, 30 de diciembre de 2014

Yo no estoy loco

El mundo me toma por loco, chiflado, tarado, esquizofrénico, pirado... pero no, no es así.
Loca es la persona que hace las cosas sin ser plenamente consciente, yo desde un principio sabía qué estaba haciendo.
El ser humano se cree superior, si encuentra un animal salvaje, lo esclaviza o, como se suele decir, "educa". Pero no se dan cuenta de que el espíritu sanginario del animal en cuestión sigue quemando su alma por dentro, de que él busca venganza. No, ellos solo buscan amaestrarlo para investigarlo posteriormente. Eso intentaron hacer conmigo, pero mi alma salvaje es indomable.
Recuerdo despertarme en una habitación acolchada, con una incómoda camisa de fuerza que estaba sustituyendo a la cazadora que llevaba horas antes. Un foco me apuntaba directamente a la cara.
-¿Por qué lo has hecho? - retumbó una voz por toda la habitación.
-¿Quién eres? - pregunté aturdido. No estaba en plenas capacidades mentales. Intenté mover los dedos de los pies, respondían lentamente. Me habían sedado.
-A partir de ahora, seré tu dueño. Cada vez que me oigas, te arrodillarás ante mi, cada vez que yo dicte una orden, la acatarás sin rechistar, cada vez que yo respire, tú dejarás de respirar para no contaminar el aire. ¿Entendido?
No respondí. Me levanté lentamente, apoyando mi espalda contra la pared y arrastrándome hacia arriba. Me dolían todas las articulaciones de haber dormido acurrucado contra la esquina.
Empecé a caminar hacia la puerta metálica. Me tambaleaba. Iba de un lado para otro, como si de un borracho me tratase. Todo me daba vueltas y veía doble.
Los dos metros que recorrí para llegar a la puerta me habían parecido kilómetros que me podrían haber llevado meses si no tuviese tantas ganas de cumplir mi objetivo.
Me di cuenta de que la puerta no tenía pomo. Tan sólo una rendija por la parte de abajo con el fin de pasar la comida.
-Es inútil que intentes escapar - comenzó la ronca voz de nuevo - estás atrapado, y no saldrás a menos que yo de la orden. Y, amigo mío, no pienso abrir la boca hasta que me digas lo que quiero saber. ¿Por qué lo hiciste?
Hice caso omiso a la pregunta. Mi mente empezó a funcionar rápidamente. Miré a la cámara que me miraba con su frío objetivo.
Sonreí.
Me lancé de frente hacia la puerta usando mi cabeza como ariete. La fuerza del impacto me hizo rebotar hacia atrás y el dolor me dejó ciego. Pero no desistí.
-¿Qué haces? - la voz tenía un deje preocupado - Para, ¡para!
Yo no paraba. Golpeé mi cabeza una y otra vez contra la puerta. Noté como se me abría una brecha en la cabeza. Empecé a perder el sentido mas no desistí.
Ya no oía, no veía, no sentía dolor alguno. Me desmayé.
Recuerdo volver a despertarme en una sala de operaciones. Ya me habían cosido. Y lo mejor, nadie se había dado cuenta de que me había despertado. A mi derecha una mujer con bata y las manos cubiertas de sangre, probablemente la misma que me había cosido la cabeza, estaba hablando con un hombre. No presté atención a la conversación, debía actuar rápido. Ya no tenía camisa de fuerza.
Salté a la derecha de la camilla y la empecé a empujar hacia la puerta, por el camino atropelle al hombre y a la mujer antes mencionados. Recuerdo una luz roja en la pared y un sonido horrible que me ponía nervioso, una alarma. Alcancé la puerta del recinto y salí a la calle. Estaba en medio de la nada. Un desierto, pero había un coche. Lo robé y huí.
¿Por qué estaba allí? Asesinato múltiple. ¿De quién? No tiene importancia. ¿Qué quería la voz de mi? Información que yo no tenía. ¿Por qué lo hice? Porque odio al ser humano.
No estoy loco, soy algo peor. A las personas como yo, no se nos reconoce. Podría ser tu vecino, o tu padre.

No bajes la guardia.

No hay comentarios:

Publicar un comentario